(Palabras leídas
originalmente en inglés en la Sinagoga Beit Tikvah de Ottawa en Shabat Januká)
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| Típica januká marroquí de bronce |
Empecemos
por un acento. Como ustedes lo pueden escuchar, vivo obsesionado con los
acentos. ¿Se dice Jánuka ó Januká? En mi casa, mi casa sefardí
donde se hablaba español, ciertamente era Januká
con una fuerte JOTA y un acento en la última Á. En mi escuela judía de
Caracas, con mis maestros que hablaban yidish,
a veces escuchaba Jánuka, con el
acento en la primera Á. Pero en Caracas nosotros los judíos, sefardíes,
asquenazís, mizrahíes (orientales) éramos (y todavía somos) una comunidad
bien integrada y con lazos estrechos entre todos los grupos. La mejor expresión
de esta cercanía e integración es el español que hablamos, un español con el
acento caribeño de Venezuela que mezcla palabras en yidish, haquetía – el dialecto
judeo-español de Marruecos – y algunas palabras en hebreo. Hay algunas cosas
que solo puedo pensar o decir en este particular lenguaje judeo-venezolano.
Permítanme
volver a Marruecos por un momento. Nací en Tánger. Tengo dos recuerdos de Januká en Marruecos. El primero tiene
que ver con la janukiyá, o como mi
padre la llamaba la januká, pues en haquetía la fiesta y el objeto, la menorá (el candelabro), se llaman de la
misma manera. Las janukiyot o janukás (con una S plural) hechas en
bronce, eran menorot doradas que durante
el año adornaban las paredes de las casas (ver foto que acompaña esta nota).
Usábamos
aceite para encender las velas, que en realidad no eran velas sino mechas de
algodón que mi madre preparaba para la fiesta. Y había por supuesto la comida
tradicional, los buñuelos fritos, las donuts marroquíes, que comemos con miel y
un vaso de mint tea, de yerba buena.
Como ustedes pueden ver, hay algunas cosas que solo puedo decir en
español, pues no es lo mismo decir mint
tea que yerba buena, que significa literalmente the good herb or the good weed (la hierba buena).
Tendría yo
unos dos o tres años. Mis padres decidieron que debería participar en el
encendido de la januká y me dieron la
vela para que procediera. Yo decidí que mi perrito de peluche también merecía
ser encendido, por lo que estuve a punto de provocar un incendio en nuestro
apartamento en Tánger.
Nos mudamos
a Venezuela en 1968 y algo cambió con respecto a Januká. Por primera vez me di cuenta de la tensión entre las
celebraciones que competían unas con otras. Los cristianos tenían la Navidad, y
nosotros Januká. En Marruecos no
estaba consciente de esta tensión porque en un país musulmán la Navidad no es
una fiesta oficial.
En
Venezuela ocurrió algo muy interesante. Lo que para mi fue hasta entonces una
fiesta privada en casa en compañía de mis padres y de mi hermana, se convirtió
en los años 80 en una celebración pública cuando Jabad Lubavitch decidió
encender janukiyot en todo el mundo
para cumplir con el precepto de difundir el milagro de Januká. Hace algunos días
leí en Twitter que una persona (que por su nombre asumo no es judía), recordaba
con alegría y un poco de nostalgia el encendido de una gran menorá (candelabro) en la plaza más
grande de Caracas, la Plaza Venezuela, donde judíos y no judíos nos reuníamos
para ver la ceremonia que lideraba el Rabino Perlman, representante del
movimiento Jabad en el país. Y esa persona decía más o menos así: es una
lástima que hoy en día no podamos hacer una ceremonia pública como esa en Plaza
Venezuela, debido al clima de antisemitismo y anti-israelí que ha promovido el
actual régimen que gobierna Venezuela (nda.: sé que hubo una ceremonia similar
en el Municipio Chacao, pero nunca con las dimensiones de la que se celebraba
en Plaza Venezuela).
Sin
embargo, debo ser claro y justo. Nuestros compatriotas venezolanos fueron y
siguen siendo gente buena, gente que recibió con los brazos abiertos a los
judíos que llegaron de Europa, de Marruecos, de Siria, de Argentina, y de
muchos otros países.
Quisiera
terminar con una canción, con una melodía que representa para mi Januká. En la tradición marroquí después
de las bendiciones para encender la
januká, el Sheejeyanu y el Hanerot Halalu (plegarias en hebreo para
la ocasión), cantamos un Salmo (Salmo XXX). Todavía puedo escuchar a mi padre
cantando:
“Mizmor shir Janukát Habayit le David, aromimjá
Hashem ki dilitani, velo simajta oyevá li. Hashem Elokái shivati Eleka
vatirpaeni. Hashem heelita min sheol nafshi jiyitani miyardi vor. Zamerú
laHashem jasidav vehodu lezejer kodeshó…”
Cuando
recito la misma plegaria durante los servicios de la mañana, puedo escuchar la voz
de mi padre cantando el Salmo para la dedicación del Templo, y no puedo evitar
repetir esta hermosa melodía.
Muchas
gracias. Jag Sameaj y Shabat Shalom.

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