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| Todavía escucho la voz de Lucy leyendo la carta en casa de mi tía |
Correría
el año 1972 ó 1973. Una tarde en el apartamento de mi tía Violeta ubicado en
Los Caobos ocurrió algo que hoy tiene un significado muy especial. Mi tía, mi
mamá y yo, un niño de 10 u 11 años, nos sentamos alrededor de una mesa frente a
un grabador de casete para que Lucy Garzón de Benarroch leyera en voz alta su ya
entonces famosa carta. Digo famosa no tanto porque fuera muy conocida, sino por
el entusiasmo que generaba en la familia hablar de la “carta de Lucy”, una
pieza de literatura en jaquetía (el
dialecto judeoespañol de los judíos marroquíes) donde un tal Hadra le escribe a
su prima Isté de Tetuán sobre sus primeras vivencias en Caracas.
La
carta, escrita en mayo de 1970, fue publicada en la revista Maguén-Escudo del
Centro de Estudios Sefardíes de Caracas (No. 95, abril-junio 1995). Lucy la
leyó en un acto en la VII Semana Sefardí de Caracas el 25 de febrero de 1995
dedicado a La jaquetía que hablábamos. Pero para mí no hay otra versión de la carta
que supere a la grabación que hizo Lucy esa tarde de 1972 ó 1973. Esa cinta
debe estar en alguna parte en casa de mi mamá. Leída en la voz de la autora, la
carta tiene al mismo tiempo un tono extremadamente jocoso (en la grabación se
escuchan las risas ruidosas de mi tía, de mi madre y de este servidor), pero
también profético. Recuerden que Lucy la escribió en 1970 y la grabó unos años
después, en plena década de oro de Venezuela, el país de las promesas y de las
puertas abiertas a los inmigrantes, el país que consolidaba su democracia. Era
una Venezuela mucho más amable y más optimista.
La
carta no es solamente una pieza humorística (su calidad humorística es
superior); es, insisto, una epístola profética. Mucho de lo que allí cuenta y
reflexiona Hadra (Lucy) anuncia lo que vendría unos años después. Mi madre
gusta recordar algo que Cervantes dice en Don Quijote: “…Y, sin duda, que esto
fue como profecía; que los poetas también se llaman vates, que quiere decir
adivinos…”. Veamos cómo Lucy hace de vate desde la prosa poética en jaquetía.
Esto requeriría algunas explicaciones para tratar, solo tratar, de comunicar el
sentido de lo que allí escribe en ese dialéctico tan particular y sabroso que
mezcla el español arcaico, el árabe marroquí y el hebreo.
Hadra
comienza por relatarle a Isté algunas novedades del estilo de vida de los
inmigrantes judeo-marroquíes que se instalaron en Caracas. Sus observaciones
tienen la picardía del crítico social que hace la disección de las pretensiones
y el exhibicionismo de los nuevos ricos en esta tierra de gracia. Hablando de
una tal Riquita que vive en un “penjau”
(penthouse), Hadra cuenta: “…Y desde que
se enriquesió (sic) no para de echarse Chanel numeró sinco (sic), para que
ninguno la aoye…” (para
que no le echen mal de ojo). Más
adelante, refiriéndose a una conocida de Tetuán, le dice a Isté: “¿Te acordas de Solica la lagañozza (sic)?
(que tenía siempre lagañas en los ojos)…Ni
no, ni, si la mirad con pestañas postizzas (sic)…” (en el casete se escucha
a mi tía y a mi madre repetir lo de las “pestañas
postizzas” desternilladas de risa).
El
retrato que hace Hadra de la Caracas de entonces es, según los estándares de
hoy, idílico. Las noches de sábado (“noche
de aljá”) era “ada ir al Papapayo”
(la costumbre era ir al café del Centro Comercial Chacaíto): “…no queda ratón en su buraco…” (nadie se
quedaba en su casa). También reconoce ya algunas prácticas de negocios “problemáticas”,
por decir lo menos: “…Aquí el que quebra
(sic) un negocio, no se volve pobre, se volve rico, se quiebren y se hagan
tiesto…” (el sentido está clarísimo y es muy actual). Hadra (Lucy) hace
también un pequeño pero muy acertado análisis político: “¿Y la radio? Dí por boca nada más, baldonan jasta (sic) al
presidente…igual que Franco, amabdil, Dizzen que es democracia, zaamá que no
hay Bengualid ni Benchacho, todo uno” (en la radio critican hasta al
presidente, “igualito” que el dictador Franco que entonces mandaba en España.
Lo llaman democracia porque todos son iguales).
La
carta tiene algunos momentos proféticos que resultan excepcionales. Cuando
Hadra le cuenta a Isté sobre los ranchitos, observa lo siguiente: “También hay cazzitas (sic) como la del
barrio las lata, en el monte; cuando la noche escurese (sic) y se miran las
luces unas cabrota (sic), penso: güó, güó como se seltée el jebel…” (¡ay, ay, como baje el cerro!). En 1970 Lucy vio con
claridad la posibilidad de una tragedia como la del Caracazo consecuencia de
las injusticias y la pobreza que esas “cazzitas
en el monte” ya dejaban entrever. En referencia al sistema de salud y los
costos de la medicina, la mención en la carta no puede ser más actual: “…lo que uno no cuede (sic) es caer malo
…Ferazmal lo güeno mío cuando fé asperarme (sic) al puerto me lo dicho: ‘mira,
ni te mueras ni te quebres nada, hasta que me enriquesca (sic)”. (cuando mi
esposo me fue a recibir en el puerto – mucha gente llegaba en barco a La
Guaira, como fue mi caso - me dijo
que no me muriera ni me enfermera hasta que no se volviera rico).
El corto texto tiene muchos
otros detalles para comentar (la referencia a El Silencio como un sitio de
ruido caótico, o a la estatua de Colón que estaba frente a la sinagoga de
Maripérez). Todos revelan la inteligencia y, como se dice en España, la gracia
de Lucy. La carta, que ya en su momento era una rara joya de literatura en jaquetía escrita en Venezuela, hoy tiene
más vigencia que nunca. Gracias Lucy por aquella tarde en casa de mi tía
Violeta.

LA CARTA PROFETICA DE LUCY. Nos narra su estupenda Carta que leyo en la VII Semara Sefardi de Caracas el 25 de Febrero 1995 . dedicado a la JAQUETIA QUE HABLABAMOS. "Recordar es vivir" Felicitaciones a Lucy Garzon Serfaty.
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