domingo, 7 de diciembre de 2014

La carta profética de Lucy


Todavía escucho la voz de Lucy leyendo la carta en casa de mi tía
Correría el año 1972 ó 1973. Una tarde en el apartamento de mi tía Violeta ubicado en Los Caobos ocurrió algo que hoy tiene un significado muy especial. Mi tía, mi mamá y yo, un niño de 10 u 11 años, nos sentamos alrededor de una mesa frente a un grabador de casete para que Lucy Garzón de Benarroch leyera en voz alta su ya entonces famosa carta. Digo famosa no tanto porque fuera muy conocida, sino por el entusiasmo que generaba en la familia hablar de la “carta de Lucy”, una pieza de literatura en jaquetía (el dialecto judeoespañol de los judíos marroquíes) donde un tal Hadra le escribe a su prima Isté de Tetuán sobre sus primeras vivencias en Caracas.

La carta, escrita en mayo de 1970, fue publicada en la revista Maguén-Escudo del Centro de Estudios Sefardíes de Caracas (No. 95, abril-junio 1995). Lucy la leyó en un acto en la VII Semana Sefardí de Caracas el 25 de febrero de 1995 dedicado a La jaquetía que hablábamos. Pero para mí no hay otra versión de la carta que supere a la grabación que hizo Lucy esa tarde de 1972 ó 1973. Esa cinta debe estar en alguna parte en casa de mi mamá. Leída en la voz de la autora, la carta tiene al mismo tiempo un tono extremadamente jocoso (en la grabación se escuchan las risas ruidosas de mi tía, de mi madre y de este servidor), pero también profético. Recuerden que Lucy la escribió en 1970 y la grabó unos años después, en plena década de oro de Venezuela, el país de las promesas y de las puertas abiertas a los inmigrantes, el país que consolidaba su democracia. Era una Venezuela mucho más amable y más optimista.

La carta no es solamente una pieza humorística (su calidad humorística es superior); es, insisto, una epístola profética. Mucho de lo que allí cuenta y reflexiona Hadra (Lucy) anuncia lo que vendría unos años después. Mi madre gusta recordar algo que Cervantes dice en Don Quijote: “…Y, sin duda, que esto fue como profecía; que los poetas también se llaman vates, que quiere decir adivinos…”. Veamos cómo Lucy hace de vate desde la prosa poética en jaquetía. Esto requeriría algunas explicaciones para tratar, solo tratar, de comunicar el sentido de lo que allí escribe en ese dialéctico tan particular y sabroso que mezcla el español arcaico, el árabe marroquí y el hebreo.

Hadra comienza por relatarle a Isté algunas novedades del estilo de vida de los inmigrantes judeo-marroquíes que se instalaron en Caracas. Sus observaciones tienen la picardía del crítico social que hace la disección de las pretensiones y el exhibicionismo de los nuevos ricos en esta tierra de gracia. Hablando de una tal Riquita que vive en un “penjau” (penthouse), Hadra cuenta: “…Y desde que se enriquesió (sic) no para de echarse Chanel numeró sinco (sic), para que ninguno la aoye…”   (para que no le echen mal de ojo).  Más adelante, refiriéndose a una conocida de Tetuán, le dice a Isté: “¿Te acordas de Solica la lagañozza (sic)? (que tenía siempre lagañas en los ojos)…Ni no, ni, si la mirad con pestañas postizzas (sic)…” (en el casete se escucha a mi tía y a mi madre repetir lo de las “pestañas postizzas” desternilladas de risa).

El retrato que hace Hadra de la Caracas de entonces es, según los estándares de hoy, idílico. Las noches de sábado (“noche de aljá”) era “ada ir al Papapayo” (la costumbre era ir al café del Centro Comercial Chacaíto): “…no queda ratón en su buraco…” (nadie se quedaba en su casa). También reconoce ya algunas prácticas de negocios “problemáticas”, por decir lo menos: “…Aquí el que quebra (sic) un negocio, no se volve pobre, se volve rico, se quiebren y se hagan tiesto…” (el sentido está clarísimo y es muy actual). Hadra (Lucy) hace también un pequeño pero muy acertado análisis político: “¿Y la radio? Dí por boca nada más, baldonan jasta (sic) al presidente…igual que Franco, amabdil, Dizzen que es democracia, zaamá que no hay Bengualid ni Benchacho, todo uno” (en la radio critican hasta al presidente, “igualito” que el dictador Franco que entonces mandaba en España. Lo llaman democracia porque todos son iguales).

La carta tiene algunos momentos proféticos que resultan excepcionales. Cuando Hadra le cuenta a Isté sobre los ranchitos, observa lo siguiente: “También hay cazzitas (sic) como la del barrio las lata, en el monte; cuando la noche escurese (sic) y se miran las luces unas cabrota (sic), penso: güó, güó como se seltée el jebel…” (¡ay, ay, como baje el cerro!). En 1970 Lucy vio con claridad la posibilidad de una tragedia como la del Caracazo consecuencia de las injusticias y la pobreza que esas “cazzitas en el monte” ya dejaban entrever. En referencia al sistema de salud y los costos de la medicina, la mención en la carta no puede ser más actual: “…lo que uno no cuede (sic) es caer malo …Ferazmal lo güeno mío cuando fé asperarme (sic) al puerto me lo dicho: ‘mira, ni te mueras ni te quebres nada, hasta que me enriquesca (sic)”. (cuando mi esposo me fue a recibir en el puerto – mucha gente llegaba en barco a La Guaira, como fue mi caso -  me dijo que no me muriera ni me enfermera hasta que no se volviera rico).

El corto texto tiene muchos otros detalles para comentar (la referencia a El Silencio como un sitio de ruido caótico, o a la estatua de Colón que estaba frente a la sinagoga de Maripérez). Todos revelan la inteligencia y, como se dice en España, la gracia de Lucy. La carta, que ya en su momento era una rara joya de literatura en jaquetía escrita en Venezuela, hoy tiene más vigencia que nunca. Gracias Lucy por aquella tarde en casa de mi tía Violeta.

2 comentarios:

  1. LA CARTA PROFETICA DE LUCY. Nos narra su estupenda Carta que leyo en la VII Semara Sefardi de Caracas el 25 de Febrero 1995 . dedicado a la JAQUETIA QUE HABLABAMOS. "Recordar es vivir" Felicitaciones a Lucy Garzon Serfaty.

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